jueves, 20 de junio de 2013

DRAGON NEGRO

DRAGON NEGRO necrocronicas
Algunos dibujos de esta facinante historia y de este maravilloso personaje, creacion mia, alla cuando tenia mis 15 años y la vida y el horizonte se nos muestra prometedor y lleno de aventuras inciertas....
DRAGON NEGRO portada no. 3

aqui hice una pequeña corrección en
los ojos de la niña......

DRAGON NEGRO Samuel Luna
DRAGON NEGRO Samuel Luna
estos son unos sketches, para la historia
CERRO ROJO... esta basada en la novela
EL HIJO DEL NINJA de ANAMIA....


miércoles, 6 de febrero de 2013

LA MULATA DE CORDOVA
por: Simon Lopez


Segun se cuenta que allá por el siglo XVII, vivía en la rica villa de Córdoba, Estado de Veracruz, México, una hermosa mujer de origen mulato cuyos padres fueron una negra de quién heredó su porte gallardo y un caballero español....

Y dicen que esta mujer hermosa se dedicaba a curar a los esclavos negros y a todos los pobres que se enfermaban.

Su vida transcurría también entre la bondad de brindar limosna y ayuda a los más necesitados de la villa de Córdoba...
La Mulata como todos le llamaban no vivía con nadie, y sólo a veces le acompañaba un indio viejo...

Ella, en la soledad de su casa, se dedicaba a la preparación de filtros mágicos y amuletos para sanar las dolencias del espíritu, curar los males de amor, retirar las envidias y casar a las solteronas....

Y también cuentan las malas lenguas, que la Mulata de Córdoba vivía sola porque tenía como amante al Diablo, y que quien pasaba por la noche cerca de su casa, de las ventanas y chimenea salían fuertes olores a azufre y por debajo de la rendija de la puerta brillantes lenguas de fuego....que sonaba unos violentos tambores y se escuchaban horribles rizotadas...

Aseguraban que algunas veces se le veía volar con una escoba, con su rostro bello, pero con una risa que brillaba en sus dientes aperlados....
Un día, una mujer criolla vino desde Córdoba a la Ciudad de México para denunciarla como hechicera y bruja. Lo cierto es que esa mujer estaba celosa dela belleza de la Mulata porque su marido la pretendía....

¡Claro!, la Mulata de Córdoba no tenía ojos para nadie, sólo eran ella y la bondad para con sus pobres....

Cuando el Tribunal del Santo Oficio terminó de escuchar las infamias hacia la Mulata, mandó al inquisidor Villegas a la villa de Córdoba para aprehenderla...
Ya presa en el Palacio de la Inquisición, se le preparaba un auto de fe para sentenciarla a la hoguera...
Los habitantes de la Ciudad de México y los pueblos que la rodeaban, se enteraron que llevarían a la Mulata de Córdoba al quemadero de San Diego, que estaba a un costado de la Alameda....
Pero un día, la Mulata en su mazmorra, le dijo al carcelero que le llevara un pedazo de carbón....

El carcelero le dijo que en lugar de pedirle carbón le rogara al Santísimo por la salvación de su alma.... pero seducido por la altiva y hermosa presencia de la Mulata, le llevó lo que pedía....

Al otro día la Mulata le gritó al carcelero que fuera a ver lo que había pintado en la pared.
- ¿Qué le faltará a este barco que pinté en el muro ?
- dijo sonriendo la bella mujer....
Y el carcelero dijo:
-¡pues a ese barco, que es perfecto , sólo le falta navegar !
- Pues navegará -
dijo la Mulata subiéndose inmediatamente al barco, y navegó en el oleaje de la pared hasta perderse en un rincón oscuro....

En ese momento se escuchó una estruendosa carcajada de mujer que rebotó en todo el Palacio de la Inquisición....
Cuando los guardias bajaron al lugar donde tenían presa a la Mulata, sólo vieron al carcelero que estaba muerto, agarrado fuertemente de los barrotes y con los ojos abiertos y perdidos en un rincón de la mazmorra.....

pero de la Mulata nunca se supo nada... mas se supone que en poder del demonio esta gimiendo, asi que... asi sea y que entre las llamas de averno permanesca y que el todo poderoso se apiade de su alma....

GIZMO - Gremlins

una figura hecha con la tecnica de papel mache....

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Boards y Dibujos Perdidos 2

Logre conseguir estos cuadros que hice hace poco me gustaron mucho, por que los clientes que me lo encargaron me dieron un poco de libertad para hacer los personajes y moverlos como a mi se me antojara... y el resultado creo que es siempre bueno cuando lo dejan a uno trabajar con gusto y sin ataduras de ningun tipo... ojala y hubiese mas clientes asi!!!!
eh aqui los cuadros faltan varios pero creo que estos son los mejores de ese board disfrutenlos!!!!
....su amigo SIMON LOPEZ!!!!



















Boards y Dibujos Perdidos!!!!

Aqui pongo algunos dibujos que yo crei perdidos pero afortunadamente los rescate.... algunos son muy sencillos pero guardan cierta magia ya que se hicieron con entusiasmo y dedicacion.... espero les agraden tanto como a mi!!!!
solo son algunos, pero les prometo que si consigo recuperar mas de estos dibujos perdidos los compartire con ustedes......



























miércoles, 13 de junio de 2012

ALBUM PRIVADO DE LOS SIMPSONS

En esta ocasion dibuje una parodia del trabajo del gran maestro JAMES de su chica galactica... y quise aplicarla a Marge Simpson!!!!







Un proyecto personal y que poco a poco subire, se trata de una serie de fotos que salen a lo largo de los episodios de los simpsons... solo que mas sugestivas.... y cachondas esta es la primera... cuando homero se gana una moto y forma su club de los HELL SATANS.... me late la foto que le toma a marge mientras duerme y la nombran "la Ramera del mes" para una revista de chopers disfrutenla....!!!!!

viernes, 1 de abril de 2011

JACK THE RIPPER

JACK EL DESTRIPADOR por: SIMON LOPEZ



Un juguete para Juliette-Robert Bloch


Juliette entró en su dormitorio, sonriendo, y un millar de Juliettes le devolvieron la sonrisa. Porque todas las paredes estaban pandadas con espejos, y el techo estaba formado por paneles empotrados que reflejaban su imagen.


Por todos lados donde mirara podía ver los rubios rizos que enmarcaban los rasgos llenos de sensibilidad de un rostro que era una radiante amalgama de niña y ángel; un sorprendente contraste con la rubicunda y carnosa revelación de su cuerpo de mujer bajo la diáfana ropa.

Pero Juliette no se sonreía a sí misma. Sonreía debido a que sabía que el Abuelo estaba de vuelta y le habría traído otro juguete. Dentro de unos momentos sería descontaminado y se lo entregaría, y deseaba estar preparada.
Juliette giró el anillo en su dedo y los espejos se oscurecieron. Otro giro oscurecería enteramente la habitación; un giro en sentido contrario y los espejos volverían a brillar. Todo era cuestión de elegir..., pero ése era el secreto de la vida. Elegir, por el puro placer de hacerlo.
¿Y qué le complacía hacer esta noche?
Juliette avanzó hacia uno de los paneles de espejo y pasó su mano ante él. El cristal se deslizó hacia un lado, revelando una hornacina tras él; una abertura en forma de ataúd excavada en la roca sólida, con la bota de tortura y las empulgueras situadas a sus alturas correspondientes.
Vaciló un momento; no había jugado a ese juego desde hacía años. Otra vez, quizá. Juliette agitó su mano y el espejo se deslizó, cubriendo de nuevo la abertura.
Erró lentamente a lo largo de la hilera de paneles, haciendo gestos a medida que andaba, deteniéndose para inspeccionar uno tras otro lo que había detrás de los espejos. Allí estaba el potro; allí, bien alineados, los látigos de púas colocados contra la oscura madera pulida. Y allí estaba la mesa de disección, con cientos de años de antigüedad, con sus exóticos instrumentos; tras el siguiente panel, los cables y electrodos que producían esas muecas tan extrañas y esas contorsiones de agonía, por no hablar de los gritos. Por supuesto, los gritos no importaban en una habitación a prueba de ruidos.
Juliette se dirigió hacia la pared lateral y agitó de nuevo su mano; el obediente cristal se deslizó a un lado, y se quedó contemplando un juguete que casi había olvidado. Era una de las primeras cosas que el Abuelo le había traído, y era muy vieja, parecida a la caja de una momia. ¿Cómo la había llamado?... La Doncella de Hierro de Nuremberg, eso era...; con las afiladas púas de acero llenando la tapa por su interior. Encadenabas a un hombre dentro, y luego hacías girar la pequeña manivela que cerraba la tapa, siempre muy suavemente, y las púas atravesaban la muñecas y los codos, las rodillas y los tobillos, las ingles y los ojos. Tenías que ir con cuidado para no excitarte e ir demasiado de prisa, o te perdías toda la diversión.
El Abuelo le había enseñado cómo funcionaba, la primera vez que le había traído un juguete realmente vivo. Y luego, el Abuelo se lo había mostrado todo. Le había enseñado todo lo que sabía, puesto que era muy sabio. Incluso le había dado su nombre —Juliette—, sacándolo de uno de los viejos libros impresos que había descubierto escritos por el filósofo De Sade.
El Abuelo le había traído libros del Pasado, al igual que le había traído los juguetes. Era el único que tenía acceso al Pasado, puesto que era el dueño del Viajero.
El Viajero era un mecanismo muy ingenioso, capaz de alcanzar las frecuencias vibratorias que lo liberaban de los lazos del tiempo. En reposo, era simplemente un artefacto parecido a una gran caja cúbica, del tamaño de una habitación pequeña. Pero cuando el Abuelo accionaba los controles y se iniciaba la oscilación, la caja se volvía borrosa y desaparecía. Estaba todavía allí, decía el Abuelo —al menos la matriz permanecía allí, como un punto fijo en el espacio y en el tiempo—, pero cualquier cosa o cualquier persona que estuvieran dentro del cubo podía moverse libremente por el Pasado hasta el lugar para el cual estuvieran programados los controles. Por supuesto eran invisibles cuando llegaban allí, pero en realidad eso constituía una ventaja, particularmente cuando se quería encontrar cosas y traerlas. El Abuelo había traído algunos objetos realmente interesantes desde lugares casi míticos —la gran biblioteca de Alejandría, la Pirámide de Keops, el Kremlin, el Vaticano, Fort Knox—, todos los lugares donde estaban almacenados los tesoros y el conocimiento que había existido hada miles de años. Le gustaba ir a esa parte del Pasado, el período antes de las guerras termonucleares y las edades reboticas, y coleccionar cosas. Naturalmente, los libros, las joyas y los metales no tenían utilidad, excepto para un anticuario, pero el Abuelo era un romántico y le gustaban los viejos tiempos.
Era extraño pensar en él como en el dueño del Viajero, pero por supuesto él no había sido su creador. El padre de Juliette era quien lo había construido realmente, y el Abuelo tomó posesión de él después de que su padre muriera. Juliette sospechaba que el Abuelo había matado a su padre y a su madre cuando ella era todavía un bebé, pero nunca había podido estar segura de ello. Tampoco importaba; el Abuelo era siempre muy bueno con ella, y además, pronto iba a morirse, y entonces ella sería la dueña del Viajero. Acostumbraban a bromear frecuentemente sobre ello.
— He hecho de ti un monstruo —decía el Abuelo—. Y algún día tú terminarás destruyéndome. Tras lo cual, por supuesto, procederás a destruir todo el mundo... o lo que queda de él.
Y no tienes miedo? —le pinchaba ella.
— Claro que no. Ése es mi sueño..., la destrucción de todo. Un final para esta estéril decadencia. ¿Te das cuenta de que hubo un tiempo en que había más de tres mil millones de habitantes en este planeta? ¡Y ahora hay menos de tres mil! Menos de tres mil, encerrados en estos Domos, prisioneros de sí mismos y encerrados para siempre, gracias a los pecados de sus padres, que envenenaron no sólo el mundo exterior sino también el espacio abierto en su intento de transformar el orden atómico del universo. La humanidad está ya virtualmente extinta; lo único que harás tú será acelerar el final.
— Pero ¿no podríamos ir hacia atrás, a otro tiempo, en el Viajero? —preguntaba ella.
— ¿Hacia atrás a qué tiempo? El continuum es incambiable; un acontecimiento conduce inexorablemente a otro, eslabones todos de una cadena que nos conduce al presente y a su inevitable fin de destrucción. Gozamos de una supervivencia individual temporal, sí, pero de ninguna finalidad. Y ninguno de nosotros está capacitado para vivir en un ambiente más primitivo. De modo que quedémonos aquí y extraigamos todo el placer que podamos de este momento. Mi placer es ser el único poseedor y usuario del Viajero. En cuanto al tuyo, Juliette...
El Abuelo siempre se reía entonces. Ambos se reían, porque sabían cuál era el placer de ella.
Juliette mató su primer juguete cuando tenía once años..., un muchachito. El Abuelo se lo había traído como un regalo especial, de algún lugar del Pasado, para sus elementales juegos sexuales. Pero él no quería cooperar, y ella perdió la calma y lo golpeó hasta matarlo con una barra de acero. De modo que el Abuelo le trajo otro juguete un poco mayor, de piel morena, y éste cooperó estupendamente; pero al final ella se cansó de él, y un día mientras estaba durmiendo en su cama lo ató y fue a buscar un cuchillo.
Experimentando un poco antes de que muriera, Juliette descubrió nuevas fuentes de placer, y por supuesto el Abuelo se enteró. Fue entonces cuando la bautizó «Juliette»; pareció aprobarlo con entusiasmo, y a partir de entonces le trajo los juguetes que ella guardaba detrás de los espejos en su dormitorio. Y en sus incesantes viajes al Pasado fue trayéndole nuevos juguetes.
Siendo invisible, podía encontrarle casi cualquier cosa en sus viajes; todo lo que tenía que hacer era utilizar un aturdidor y transportarlos de vuelta. Por supuesto, cada juguete tenía que ser descontaminado muy cuidadosamente; el Pasado pululaba de extraños microorganismos. Pero una vez los juguetes se habían vuelto adecuadamente antisépticos eran entregados a Juliette para su placer, y durante los últimos siete años no había dejado de divertirse.
Siempre era delicioso ese momento de anticipación antes de que llegara un nuevo juguete. ¿Cómo sería? El Abuelo era muy considerado; ante todo, se aseguraba de que los juguetes que le traía pudieran hablar y comprender Inglés, o «inglés», como lo llamaban en el Pasado. La comunicación verbal era a menudo importante, sobre todo si Juliette deseaba seguir los preceptos del filosofo De Sade y gozar de alguna forma de relación sexual antes de adentrarse en placeres más intensos.
Pero siempre existía esa anticipación. Este juguete ¿sería joven o viejo, salvaje o domesticado, masculino o femenino? Los había tenido de todo tipo, y cada posible combinación. A veces los mantenía vivos durante días antes de cansarse de ellos... o antes de que las sutilidades de que ella era capaz les hicieran expirar. En otras ocasiones deseaba que todo ocurriera muy rápidamente; esta noche, por ejemplo, sabía que se sentiría apaciguada tan sólo por la acción más primitiva y directa.
Una vez se hubo dado cuenta de esto, Juliette dejó de jugar con sus paneles de espejos y se dirigió directamente hacia la gran cama. Echó abajo el cobertor, y rebuscó bajo la almohada hasta que lo encontró. Sí, aún seguía allí..., el gran cuchillo con la larga y cruel hoja. Ahora sabía lo que iba a hacer: llevaría el juguete con ella a la cama y luego, precisamente en el momento adecuado, combinaría sus placeres. Si podía controlar el momento exacto de utilizar su chuchillo...
Se estremeció de anticipación; luego de impaciencia.
¿Qué clase de juguete sería? Recordó aquel otro, suave y frío..., Benjamín Bathurst era su nombre, un diplomático inglés del tiempo que el Abuelo llamaba las Guerras Napoleónicas. Oh, había sido suave y frío hasta que ella lo había seducido con su cuerpo y lo había llevado a la cama. Y luego había habido aquella aviadora norteamericana de un poco después en el Pasado; y en una ocasión, como un regalo muy especial, toda la tripulación de un velero llamado Mane Celeste. ¡Le habían durado semanas.
Sorprendentemente, en ocasiones había llegado incluso a leer cosas sobre sus juguetes después. Porque cuando el Abuelo se acercaba a ellos con su aturdidor y los traía aquí, desaparecían para siempre del Pasado, y si de alguna forma eran conocidos o importantes en su tiempo, tales desapariciones eran notadas. Así, algunos de los libros del Abuelo relacionaban «misteriosas desapariciones» que ocurrían de tanto en tanto y que por supuesto nunca eran explicadas. ¡Qué delicioso era todo aquello!
Juliette palmeó la almohada, ahuecándola, y volvió a dejarla en su sitio, deslizando debajo el cuchillo. Ya no podía esperar más; ¿qué era lo que lo estaba entreteniendo?
Se obligó a dirigirse hacia una abertura y pulsar un vaporizador, desvistiéndose mientras la perfumada neblina bañaba su cuerpo. Aquél era el último toque de seducción... Pero ¿por qué no llegaba aún su juguete?
De pronto, la voz de su Abuelo le llegó desde el altavoz.
— Querida, te envío una pequeña sorpresa.
Eso era lo que decía siempre; formaba parte del juego.
Juliette soltó el mando del comunicador.
— No me tengas más sobre ascuas —suplicó—. Dime cómo es.
— Es un inglés. De la época victoriana. Muy formal y educado, por lo que parece.
— ¿Joven? ¿ Guapo?
— Pasable. —El Abuelo dejó escapar una risita—. Tus apetitos te traicionan, querida.
— ¿Quién es..., alguien de los libros?
_Ignoro su nombre. No encontramos identificación durante > \ descontaminación. Pero por sus ropas y modales, y el pequeño maletín negro que llevaba cuando lo descubrí a primeras horas de esta madrugada, calculo que debe de ser un médico regresando de alguna llamada de urgencia.
Juliette sabía lo que eran los «médicos» por sus lecturas, por supuesto; como sabía lo que significaba «Victoriano». De algún modo, la combinación parecía correcta.
Formal y educado? —rió—. Entonces me temo que va a sufrir un fuerte shock.
El Abuelo rió también.
— Tienes algo en mente, estoy seguro.
— Sí.
Puedo mirar?
— Por favor..., no esta vez.
— Muy bien.
— No te enfades, querido. Te quiero.
Juliette cortó la comunicación. Justo a tiempo, porque la puerta se estaba abriendo, y el juguete entró.
Ella lo miró, dándose cuenta de que el Abuelo había dicho la verdad. El juguete era un hombre de unos treinta y tantos años, atractivo pero no guapo. No podía serlo, enfundado en aquel traje oscuro y con aquellas ridiculas patillas. Había algo casi deprimentemente refinado y amanerado en él, un aire de embarazada represión.
Y por supuesto, cuando vio a Juliette en su ropa casi transparente, y la cama rodeada de espejos, realmente enrojeció.
Esa reacción sedujo completamente a Juliette. Un Victoriano enrojeciendo, con la constitución de un toro... ¡e ignorante de que aquél era su matadero!
Era tan divertido que no pudo dominarse; avanzó inmediatamente y lo rodeó con sus brazos.
—¿Quién..., quién es usted? ¿Dónde estoy?
Las preguntas habituales, formuladas de la forma habitual. Normalmente, Juliette se hubiera divertido dando respuestas evasivas destinadas a desconcertar y a excitar a su víctima. Pero esta noche sintió una impaciencia que no hizo más que aumentar cuando abrazó al juguete y lo empujó hacia la cama que aguardaba.
El juguete empezó a respirar pesadamente, reaccionando. Pero seguía desconcertado.
—Dígame..., no comprendo. ¿Estoy vivo? ¿O esto es el cielo? Las ropas de Juliette se abrieron cuando ella se tendió de espaldas.
—Estás vivo, querido —murmuró—. Maravillosamente vivo. —Se echó a reír cuando empezó a probar su afirmación—. Pero mucho más cerca del cielo de lo que piensas.
Y para probar esa afirmación, su mano libre se deslizó bajo la almohada y buscó a tientas el cuchillo.
Pero el cuchillo ya no estaba allí. De alguna forma, había hallado el modo de abrirse camino hasta la mano del juguete. Y el juguete ya no era formal y educado; su rostro era como algo surgido de una pesadilla. Sólo un atisbo, antes de que el cegador destello de la hoja del cuchillo se abatiera sobre ella, una y otra y otra vez...
La habitación, naturalmente, era a prueba de ruidos, y había mucho tiempo. No descubrieron lo que quedaba del cuerpo de Juliette hasta pasados varios días.
Allá en Londres, tras el último y misterioso crimen cometido a primeras horas de la madrugada, jamás se encontró a Jack el Destripador...